Fragmento de una clase para miembros impartida en una ciudad de España a principios de los años noventa.
La clase fue grabada en una cinta de casete y posteriormente transcrita por un miembro, utilizando una máquina de escribir de la época. La transcripción reproduce el contenido original de la clase sin modificaciones ni adaptaciones. Por este motivo, conserva la forma y estructura propias de una exposición oral y no presenta la redacción ni el formato habituales de un artículo.
La clase habla por sí sola.
- (Instructor) … Hay que cambiar el fusible o un plomito, porque hay muchas limitaciones, es fruto de nuestra pobreza educativa, obviamente, es muy difícil encontrar el punto justo, yo lo entiendo ¿por qué? Porque la generosidad es muy difícil.
Sobre todo, lo que he percibido muchas veces es que la generosidad en el hombre consiste en dar y en la mujer en no pedir y digo esto en este punto concreto, eh, porque normalmente es el hombre que se va cargando, por los motivos que sean, a lo mejor es que estaba currando, no es cierto, y llega a su casa y está reventado, y lógico, a lo mejor la mujer ha estado viendo después de comer “Cristal” (telenovela). Yo estoy poniendo un ejemplo, porque todo estaba bien entre ellos, pero enseguida empiezan los follones.
- (Una miembro) “Yo conozco muchos ejemplos de al revés”.
- (Instructor) Sí, pero yo te estoy poniendo un ejemplo de la mujer que está viendo “Cristal”, que son varios millones de españolas, querida, son varios millones de españolas más algún que otro milloncejo de españoles los que lo ven.
Pero, mira una cosa, de los 15 millones de personas que trabajan, puede ser que como mucho la mitad tengan horario continuo, porque están todas las fábricas de toda España que no cierran a mediodía, o sea, de todos los polígonos industriales yo te digo que por lo menos hay 4 o 5 millones de hombres metidos ahí y muy pocas mujeres, muchas de ellas en las oficinas y también muchas de ellas sin horario continuo. Es un mundo duro, pero es el mundo de la administración que tú conoces y el mundo industrial es un mundo competitivo.
Vamos a suponer una cosa, en el mundo que tú conoces usando un ordenador ¿cuántas pulsaciones se pueden dar, digamos, por hora?
(No se desgraba la contestación)
- (Instructor) No, pero no es eso, no se trata de que su marido tiene un trabajo menos duro que ella y llega a casa y despacha.
(La miembro parece ser que sigue sin estar de acuerdo)
- (Instructor) ¿Te puedes callar? Te quiero explicar una cosa, yo si pongo un ejemplo, tú puedes poner diez, pero yo estoy poniendo un ejemplo que muestra determinados perfiles, porque si tú quieres poner la excepción, el ejemplo que a ti te interesa, lo vas a encontrar, yo te digo que hay un mundo que tú desconoces. El mundo industrial es un mundo muy competitivo, desde que hay una serie de cómputos, pulsaciones, rendimientos, incentivos, eh, que se tiene que mover y son las pocas empresas que van sobreviviendo, las pocas empresas españolas, cuando te metes en las de Alemania o en las americanas y todo lo demás, en estas a currar sin parar.
En ese mundo hay millones de españoles metidos que no están en sus casas viendo la tele y sus mujeres sí. Lógico cuando llega el otro por la noche, pida las zapatillas, se siente en el sillón y no se quiera mover, eso es lógico, y si la otra lo quiere poner con el crío para que le cambie los pañales, o lo quiere poner a hacerle el friegue, o cualquier otra cosa, es una criminal y hay muchas de esas.
Entonces, eso es un caso, yo lo que estoy diciendo es que en general el egoísmo hace que al hombre se retraiga, el egoísmo de la mujer que tiene en casa y el suyo propio hacen que el hombre se retraiga.
Yo estoy hablando de hombres y de mujeres, la mujer pide mucho. Estoy tratando de establecer la diferencia, el caballero es aquel que da todo lo que tiene que dar y él lo sabe, y la dama es aquella que no pide lo que no debe pedir, y ella lo sabe, pero eso en el mundo viejo no lo busques porque es como buscar una aguja en un pajar: el hombre que dé lo que tiene que dar y una mujer que no pida lo que no tiene que pedir.
Yo te estoy dando otra versión, es lo mismo que lo que está diciendo el maestro (JAL), pero desde otra versión para que se vea mejor, porque él está hablando aquí de la generosidad, está hablando del complementarse, del compensar las diferencias, eh, está hablando de un mundo mejor, más bello, más justo, más bueno, donde cada uno sepa ocupar su lugar, como en la naturaleza, ¿no es cierto?
¿Qué es lo que nosotros tenemos a la vista normalmente? Todo lo contrario. Entonces, por si os puede servir de algo, en vuestra vida cotidiana, tanto aquella que tenga que mantener una familia, como un marido y todo lo demás, como quien tenga que relacionarse de otra manera, o para un joven o una joven, pues estos son grandes ideas que os pueden ayudar a ubicaros.
El caballero es aquel que da, pero sí necesita una dama, y no la está pidiendo todo lo que se le ocurra. ¿Qué es la mujer común? no sé si es claro al principio ¿no? Pero, le dan un poco y se toma el triple, entonces el otro, que hace un montón, ¡cuidado! ¡sálvese el que pueda! y sale huyendo. Empieza a hacerse el longui, el tonto, empieza a disimular y a estar ocupado, llega a su casa y se pone a hacer algo, tiene un hobby para que no le enganchen, porque si no le toca hacer de todo. Y la mujer, en ese sentido, lo que es la mujer, la hembra, pues no tiene consideración, es despiadada, y entonces el otro va de astuto, va de zorro.
Ahora, si os fijáis, con esta óptica que os digo, os vais a dar cuenta de muchas cosas, están los que no se aparecen por casa, a ver si me comprendéis, porque ¿qué creéis que hacen esos millones de hombres que se van al bar? es un escaqueo generalizado, si en su casa hubiese armonía estarían en su casa e irían al bar cuando tuviesen algo que hacer, pero es que van a no hacer nada, van a perder el tiempo miserablemente y pierden la vida así.
Y la mujer, por otro lado, con su historia, sin darse cuenta tampoco. Entonces, si la mujer no quiere provocar eso u otras cosas, de ahí el papel de la responsabilidad de la mujer, la mujer tiene una gran responsabilidad, porque induce, no es que produce, de una manera evidente induce actitudes en el hombre, pero esto no es de ahora, esto viene ya de siglos, esto se hereda de padres a hijos porque el hijo está viendo al padre y con el tiempo lo asimila inconscientemente. Y el comportamiento de las mujeres se hereda también las hijas está viendo a la madre y aunque vosotras no lo creáis, vosotras seguís el comportamiento de vuestra madre, claro cada una según su edad, cada una según el tiempo que ha pasado junto a ella y todo lo demás.
Esto sí no os lo queréis creer no os lo creáis, pero yo os digo que vosotras seguís el comportamiento de vuestras madres, las jóvenes también con una serie de diferencias porque una puede decir: - no mi madre no fuma y yo fumo. ¡No empecemos! ¿así? ahí hay que ver cómo se enrolla cada una. O: - mi madre ha tenido 14 hijos y con uno yo tengo bastante. No, no, no, no es eso, es una actitud interna que se absorbe desde muy niño, si no os dais cuenta de lo que digo tanto más lo heredáis, si lo buscáis, buscáis el cliché, ese que lleváis puesto.
Lo que podéis hacer es adaptarlo, un joven lo puede extraer, que tampoco es extraer, es adaptarlo, pero como está menos construido pues es más fácil, de ahí la plasticidad de la persona joven, pero porque lo tiene menos construido, pero si uno se da cuenta a los 40, a los 50 o 60 años, pues se puede hacer y darse cuenta es muchos, darse cuenta es mucho.
En Nueva Acrópolis se nos enseña que podemos ser diferentes si nuestro sueño es diferente, si no queremos participar de lleno como borregos en eso que hemos asimilado en nuestras casas y ser un borrego o una borrega más de ese inmenso aprisco, es una oportunidad como filósofos. Hay que concienciarlo, hay que luchar mucho, hay que trabajar mucho y eso nos afecta a todos, eso no se supera, ya os he dicho, dejar para abajo el problema.
Ahora, hay problemas y problemas, está quién se sume de lleno en ello y quién puede ir sacando el cuello y construyéndose, porque eso es una construcción interior, eso es una conciencia, no son disfraces ni simples actitudes que pueden ser payasescas como dice el maestro (JAL), en buena medida nuestra vida depende de eso y no afecta al núcleo de nuestra personalidad.
¿Queréis hacer alguna consideración en torno a esto? ¿Algún otro aspecto, posibilidad, problema?
(Falta la desgrabación de la pregunta o el comentario)
Inconscientemente estas eligiendo tu vida, inconscientemente. No importa, la vida no te perdona ni te excusa ni te pone ni te quita, claro, tú puedes decir que eran los juegos que me enseñaron, ya lo tienes ¿quién te influyó ahí? tu mamá, tu abuela, tu vecina, las hijas de la mamá de la vecina, porque a lo mejor en todo el barrio donde tú vivías había una mamá que se ocupó de enseñarle juegos a su niña, pero esa niña se encargó de enseñarle juegos a todas las niñas del barrio. Fíjate cómo se transmiten las cosas y tú no te enteraste, a ti te lo enseñaron, así es la vida ¿qué se puede hacer contra eso? Ajá, eso es lo que de alguna forma estamos mirando, lo que pasa es que lo estamos viendo poco a poco, parte a parte, ahora vosotros tenéis que estudiar yo os digo estudiar para reunir eso y llegar a resolver ese enigma.
Se os están dando los elementos para que no os vuelva a suceder, o bien uno una juega, pero siente como cierta fealdad interior, como cierta desazón, como cierta cosa que no cuadra, no sé si es claro, no se identifica con el juego, de tal manera que ese juego se convierte en su vida luego. Yo recuerdo que de niño hice muchos tipos de juegos, había algunos buenísimos muy estimulantes, realmente había que poner en funcionamiento la agudeza, la rapidez, la fuerza, sobre todo en los que había algo de lucha, podía ser peligroso, cuándo entramos en juegos era como algo más eso no quiere decir que ese juegos sean perfectos, pero marcan una vida, estamos marcando nuestra vida en nuestros juegos de niños, claro ahora podéis decir los niños del futuro van a ser libres ¿libres? Les están comiendo el tarro a todos miserablemente de una manera insospechada, de la misma manera nos lo comieron a nosotros.
Lo que pasa es que uno dice: - yo sé lo que quiero, lo que pasa es que no me he detenido a pensarlo. Hay que darse cuenta de que uno no sabe lo que quiere, bueno, y si no lo sabe, póngase a resolverlo, eso ya es una meta en la vida.
Bueno, vamos a continuar con un Bastión de la Maestra DSG.
“El Miedo al Cambio”
Esta forma de temor psicológico, que llega a tomar posesión de los campos físico y mental en varios casos, se manifiesta también bajo otros aspectos humanos: miedo a la aventura, miedo al riesgo, miedo a perder cosas y aún, miedo al éxito.
Se ha dicho muchas veces que el hombre es un animal de costumbres y es verdad. El hombre tiene muchos "amos" que se encargan de adiestrarlo en ciertos hábitos que le dan una sensación de seguridad dentro del conjunto, y son los mismos amos quienes se preocupan de generar el miedo al abandono de esos hábitos, al menos mientras así convenga a los propósitos de los mencionados adiestradores.
Crecemos dentro de una sociedad configurada por diversas motivaciones, algunas naturales y propias de las necesidades históricas, y otras absolutamente artificiales alentadas por intereses y modas que rigen por un tiempo el movimiento de las grandes masas.
Son sobre todo las necesidades artificiales, o las que se tiñen de artificialidad, las que más atan a los hombres y las que le impiden cambiar en cualquier sentido. Nos explicaremos: por ejemplo, el amar y sentirse amado es una necesidad natural para cualquier ser humano, pero los consensos sociales de moda agregan al amor un conjunto de requisitos que lo vuelven artificial y casi imposible de vivir. Además del sentimiento debe haber dentro del núcleo unos bienes materiales y unas condiciones prestigiosas que cierran las puertas a una convivencia sana.
Pero el hombre mira lo que hacen todos los demás y de la repetición de esos actos obtiene una tranquilidad psicológica que le permite ubicarse dignamente dentro del conjunto. Lucha por adquirir esas cosas entendidas como indispensables y una vez que las tiene no puede abandonarlas porque pierde su propia estabilidad, desgraciadamente generada sobre soportes exteriores a uno mismo
De igual manera, las modas imponen determinados estilos de conducta, de lenguaje, de trato humano, de opiniones y creencias que aseguran la "normalidad", al menos por un tiempo. Hay que estar al tanto para seguir esas corrientes impuestas y variar junto con ellas para no alejarse ni un paso del rebaño.
De allí el miedo al cambio. Todo cambio, si es sustancial, supone destacarse para bien o para mal, salir de lo comúnmente aceptado, arriesgarse a ser diferente y, por lo tanto, a perder algunos de los preciados valores establecidos por la artificialidad. Es posible que desaparezca el falso afecto de quienes poco y nada nos querían y el prestigio inestable de aferrarse apenas a una modalidad pasajera.
Para nosotros, aspirantes a filósofos, amantes de la sabiduría, el primer y fundamental cambio que debemos promover es el despertar de la conciencia. En cuanto ella emerge dentro de la masa amorfa de nuestras necesidades e imposiciones físicas, psicológicas y mentales, suscita simultáneamente un conjunto de cambios correlacionados.
Mientras se vive a ciegas, no importa adoptar una u otra costumbre y aferrarse a ella, pero la conciencia activa obliga a recapacitar sobre muchos aspectos de la existencia que antes parecían no tener ninguna importancia.
El filósofo se acostumbra, sobre todo, a hacerse preguntas profundas acerca de la vida, de sí mismo, del destino... Su mente se vuelve más inquisitiva y lo lleva a cuestionarse su propia forma de ser, mostrándole nuevos caminos de perfección constante.
Los cambios que se propone el filósofo no responden a modas ni aceptaciones generalizadas; por el contrario, son cambios ascensionales en que cada paso es un escalón de superación. Mas que de cambios, deberíamos hablar de las únicas y verdaderas adquisiciones que hacen al ser humano, al margen de los otros cambios de fortuna material, al margen de la vida y de la muerte, al margen de pasiones y opiniones.
¿Por qué, entonces, el miedo, cuando intelectualmente se sabe que estos especiales cambios sólo traerán bienes consigo y llevarán a un mayor desarrollo espiritual?
Porque estos cambios hay que hacerlos a solas, frente a frente con uno mismo, sin que valga de nada el beneplácito de los otros, sin que importe el aplauso o la crítica de los demás. Porque estos cambios suponen algunas pérdidas, claro está, pero son las pérdidas que darán paso a nuevos valores mucho más estables y armonizadores. Porque todo cambio implica riesgos, pero no conocemos ningún héroe, ningún hijo predilecto de los dioses que no haya pasado por pruebas arriesgadas y lo haya intentado todo hasta salir victorioso. Y porque, como decíamos al principio, hay quienes temen incluso al éxito, sabiendo que, una vez conseguido, habría que mantenerse a la altura de ese éxito, sin permitirse caídas ni depresiones, pues el éxito interior tiene fuertes exigencias ante la propia conciencia.
Pero ¿no vale la pena intentarlo?
El destino del hombre es llegar a ser lo más perfecto como hombre y, en todo caso, como lo apuntan las tradiciones esotéricas de todos los tiempos, crecer más allá de la condición humana hasta hacerse digno discípulo de los dioses y no de los "amaestradores de hombres". A ese destino habremos de llegar todos, tarde o temprano, con más o menos sufrimiento. Pero el cambio es la condición inexcusable. Entonces, ¿por qué no empezar ahora mismo? ¿Por qué no desprenderse del miedo que no es ningún bien positivo? ¿Por qué no desarrollar la valentía del que sabe lo que quiere y lucha por poseerlo?
En nosotros está la elección: o el vulgar miedo al cambio de lo que cambia de todas maneras y nos deja desamparados, o el valor del cambio definitivo que nos convierta en hombres y mujeres firmes y seguros de sí mismos, caminando por la Vida y de frente hacia el Destino.
(Comentario del instructor)
- El filósofo que tiene un poco de conciencia no va por ahí dando opiniones, con un poco de juicio y de criterio se basa en los maestros. A la gente la amaestran en la familia: su madre, su padre, sus tíos, sus hermanos mayores… también en las empresas para que haga esto o para que haga lo otro, para que no le robe al amo, porque ellos ya se encargan de robar y lo saben perfectamente.
Los maestros no, ellos nos amaestran para que seamos maestros de nosotros mismos, hay una pequeña diferencia que espero que la sepáis apreciar.

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